Puentes de Sevilla

El puente de Brooklyn, el Golden Gate o el Tower Bridge, son puentes espectaculares y conocidos por todo el mundo como joyas de la Arquitectura Moderna. Pero ¿Hay algo más hechizante que entrar a Sevilla por uno de sus puentes?

Sin duda alguna, Sevilla es una ciudad mágica. Sus paredes llenas de una historia de más de 3000 años, que ha sido hogar de fenicios, romanos, griegos, judíos, musulmanes, gitanos y cristianos. Sin embargo, la historia de Sevilla está indivisiblemente ligada a su río, al ‘Río Grande’, el Guadalquivir. Ha marcado su ritmo, la ha hecho apetecida y hasta el día de hoy, constituye su bastión más importante.


El río Guadalquivir como elemento clave de la ciudad

Este río ha provisto a Andalucía de un lugar histórico privilegiado. Los romanos lo usaban como salida del vino, aceites, trigo y cereales cosechados en Andalucía y que la convirtieron en el “granero de Roma”. Además, la salida/entrada desde el Guadalquivir al océano Atlántico, ha dado por muchos siglos sustento e importancia a esta región.

La jerarquía de Sevilla como una gran ciudad, se ha debido, en gran parte, a ser el lugar más aguas abajo donde se puede cruzar el río y transportar mercancías.

Hasta mediados del siglo XIX, no hubo puentes fijos que unieran Triana y las prósperas llanuras del Aljarafe con Sevilla y la península. Precarios puentes hechos de barcazas eran el paso cotidiano a través del rio, éstos sucumbían regularmente con las subidas de nivel, riadas e inundaciones temporales.

En 1852, se construyó el Puente Isabel II, el muy famoso Puente de Triana, seguido por la construcción del Puente Alfonso XII o Puente de Hierro, el cual fungía como parte de la línea ferroviaria Sevilla-Huelva y que fue demolido hacia finales de siglo.

No fue sino hasta la primera mitad del siglo XX, hacia los años 1931 y 1933, que se construyeron los puentes de San Telmo y el Puente Basculante de San Juan.

Hacia el comienzo de los años 70, se inauguró lo que se nombró inicialmente como Puente del Generalísimo y que luego se rebautizó como Puente de los Remedios.

Cuando se planificó en Sevilla la segunda exposición universal de 1992, se necesitaba agilizar el flujo de vehículos y personas al recinto ferial en la isla de la Cartuja, por lo que se construyeron los puentes del Cristo de la Expiación (popularmente conocido como Puente del Cachorro), el Puente de San Telmo, la pasarela peatonal de la Cartuja, el Puente de la Barqueta y el Puente del Alamillo.

El Puente del Alamillo, tiene una relevancia arquitectónica de primer orden. Fue diseñado por el famoso arquitecto Santiago Calatrava y se inauguró en el marco de la Expo `92 y que comparte paternidad con puentes en Buenos Aires, Jerusalén, California y Valencia.

Uno de los puentes más impresionantes de Sevilla, es sin duda el Puente de las Delicias. Este es un puente levadizo y que permite el paso de barcos de gran calado incluyendo grandes cruceros y otras embarcaciones hasta el puerto de Sevilla.


Importancia arquitectónica y funcionalidad

Sevilla, indudablemente, debe mucho de lo que es hoy en día al Guadalquivir. Sin embargo, estos puentes han sido el instrumento indispensable para transitarlo y aprovechar la ventaja insuperable que nos da esta autovía de agua.

Sumado a su importancia arquitectónica y a su inmensa funcionalidad, cada uno de estos puentes están llenos de anécdotas, recuerdos y pasajes históricos que bien vale la pena conocer. Poetas, cantaores y muchas personalidades han recorrido estos puentes y nos han dejado su huella perenne. En TourSevilla recorremos la historia de nuestros puentes como elementos claves de una ciudad única.