El Monasterio Santa María de las Cuevas, el Monasterio de la Cartuja

En 1865 el Marqués de Pickman, un inglés afincado en Sevilla vio un buen negocio en el recientemente abandonado monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas. La porcelana inglesa tan de moda en aquella época encontró su lugar en Sevilla en este monasterio reconvertido en fábrica de cerámica. De esta época que comenzó en 1841 tenemos paneles de diversas cerámicas fabricadas aquí y sobre todo los inconfundibles hornos que cocían la loza.

La artesanía en cerámica sevillana se remontaba a la época romana, ya Santa Justa y Santa Rufina, mártires en época romana y protectoras de la ciudad, fabricaban la loza al otro lado del río Guadalquivir.

Fue fundamental en tiempos islámicos para la decoración de palacios y casas. Alicatados, azulejos de cuenca, de arista… más tarde en época cristiana siguieron los modelos mudéjares y más tardes renacentistas. El italiano Niculoso Pisano residente en Triana revolucionó la técnica e introdujo la pintura sobre azulejo plano. Obras maestras son el Oratorio de Isabel la Católica en el Cuarto Real Alto del Alcázar y la Portada del Monasterio de Santa Paula.

El Monasterio Santa María de las Cuevas

La cerámica en Sevilla

Hasta entonces el centro de producción fueron los pequeños y medianos talleres del barrio de Triana. Pickman dio un nuevo impulso a esta artesanía y la convirtió en verdadera industria en la Sevilla del siglo XIX.

Pero el monasterio ya tenía entre sus muros una larga historia. Había sido fundado al iniciar el siglo XIV como uno de los centros monásticos más importantes de la nueva Sevilla cristiana. De gran extensión a las afueras de Sevilla y mirando a la comarca del Aljarafe fue elegido por nobles familias, como los poderosos Ribera, para sus enterramientos. El propio Cristóbal Colón se alojó aquí y fomentando su amistad con los monjes preparó una parte de su expedición al Nuevo Mundo. Años después de su muerte sus cenizas reposaron en este lugar durante 30 años antes de partir hacia la isla de la Española en el continente americano. Una estatua erigida por la Viuda de Pickman recuerda al descubridor.

Más tarde en el siglo XVII Francisco de Zurbarán el mejor pintor de monjes de aquella España católica de palacios y conventos nos dejó los retratos de los sobrios y silentes Cartujos. Esta colección de tres pinturas está hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Como tantos otros conventos fue objeto de la Desamortización y cierre en el siglo XIX. Fue entonces cuando entro en escena Pickman y su cerámica. Pero la Historia de Santa María de las Cuevas tuvo su continuación cuando en la reciente y mítica EXPO 92’ fue sede del Pabellón Real.

La fábrica de la Cartuja traslado sus dependencias a otro lugar y el monasterio se convirtió en Centro de Arte Contemporáneo tras una restauración integral en 1997, función que conserva hoy en día. De tal manera hoy tenemos en este original lugar un antiguo monasterio, una antigua fabrica de cerámica y el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo que programa exposiciones temporales y conciertos.

Los encantos del monasterio

El monasterio está rodeado del huerto de los monjes, precioso lugar lleno de naranjos y otras plantas autóctonas, perfecto para perderse y buscar la tranquilidad a pocos pasos del centro de Sevilla.

Me gusta la mezcla de los claustros mudéjares con los paneles de cerámica del XIX de Pickman. Las tumbas renacentistas de los Ribera junto al arte contemporáneo. Pasear entre los hornos cerámicos dispersos por los jardines que compiten en altura y le dan al antiguo monasterio una silueta inconfundible.

Me gusta acercarme al llamado árbol de la Bella Sombra, Ombu o Phitolaca Dioica que, según la tradición, fue plantado por el hijo de Cristóbal Colon hace más de 500 años. También recorrer en bicicleta los huertos de naranjos centenarios y sorprenderme con la moderna recreación de la gigante Alicia en el País de las Maravillas.

Me gusta el aire silencioso fuera del tumulto de la ciudad que debió de ser el mismo de los monjes cartujos siglos atrás.

Y me gusta recordar con cariño la mítica EXPO del año 92 que nos dejó una huella sustancial a todos los sevillanos mayores de 35 años.