La Glorieta de Bécquer en el Parque de María Luisa

¿Se puede representar al Amor?¿Tiene el hombre la capacidad con sus manos y su mente de llevar al mundo material algo tan sublime? Pues ¡Sí que la tiene! Gustavo Adolfo Bécquer, con su pluma llevó al papel el tenue suspiro de un enamorado, así como las lágrimas de rabia y decepción de un desamor en cada una de sus obras.

El legado de las obras de Bécquer es inestimable, su prosa y sus poemas son de un valor inmaterial que lo han elevado a la cúspide de los poetas españoles de todos los tiempos. Su obra inspiró a autores de la talla de Rubén Darío y Antonio Machado, entre otros. La sutileza de sus poemas toca lo más excelso del amor y se colocan como joyas de la literatura española.

Pero, como Bécquer refleja en su obra lo bello y crudo del amor, lo hicieron los hermanos Álvarez Quintero y el escultor Lorenzo Coullaut Valera, cuando rindieron este sentido homenaje al poeta y, en definitiva, al amor.

Como bienvenida al hermoso Parque María Luisa, podemos apreciar esta magnífica obra en donde se representan la complejidad de las obras del poeta sevillano y en particular inspiradas en su poema “El amor que pasa”.

El Parque de María Luisa, un marco inmejorable

La ubicación de la obra no pudo haber estado en una mejor posición. El parque María Luisa, pulmón vegetal de Sevilla y declarado como Bien de Interés Cultural por su relevancia dentro de la geografía sevillana.

En medio de la glorieta podemos apreciar en impecable mármol blanco un busto del poeta elevado sobre un fuste. A sus pies un diseño octogonal en donde se van representando cada una de las etapas del amor, también esculpidas en mármol blanco y bronce.

La representación de tres jovencitas, trajeadas de la época, cada una inmersa en un estado del amor se encuentra a uno de los lados del octógono. Esta pieza, esculpida de una única pieza de mármol blanco representa, cronológicamente al: Amor Ilusionado, el Amor Poseído y el Amor Perdido.

Cupido, esculpido en bronce dispara sus flechas envenenadas como símbolo del Amor que Hiere a un yacente joven que clama piedad y en representación del Amor que Mata.

Una de las figuras centrales de la obra, no fue esculpida por ningún artista. Se trata de un ciprés de los pantanos o Sauce Llorón como es conocido en algunas regiones de América. Este árbol es originario del Mississippi y se calcula fue plantado hacia el año 1850. Esta planta tiene una vida promedio de 300 años y su altura puede llegar hasta los 45 metros.

Precisamente el crecimiento del Ciprés, ocasionó que, en el año 2016, se realizará una restauración mayor a la escultura. El perímetro del tronco había crecido más allá del nivel del octágono inicial de la obra, hubo que replantear la configuración de la misma y ahora podemos observar un eneágono.

Producto del paso del tiempo, vandalismo y descuido, la obra se ha tenido que restaurar varias veces. La primera restauración de la obra, en 1918, estuvo a cargo del mismo arquitecto de la Plaza de España. Esta restauración consistió en reemplazar la original verja de hierro deteriorada y  que circundaba a la pieza, sustituyéndola por una falca de piedra.

Pese a todas las restauraciones y maltratos que ha sufrido la obra, sigue siendo un lugar de encuentro de enamorados, quienes rinden tributo al poeta con ramos de flores, poemas y candados con iniciales como símbolos de amor eterno e inseparable.