En 1518 Fernando de Magallanes (Fernão de Magalhães en portugués) había propuesto su idea de llegar a las Molucas para conseguir especias al rey Manuel I de Portugal. Ante la negativa de éste presentó su proyecto al joven emperador Carlos I de España y V de Alemania, por entonces el más poderoso monarca de la época. En pleno expansionismo del reino de Castilla, el emperador apoyó la empresa y dio a Magallanes el dinero necesario para fletar cinco barcos con 244 hombres. La expedición iba a ser económicamente muy rentable si conseguían comerciar en las Islas Molucas y conseguir allí las preciadas especias: Clavo, Canela, Pimienta, Jengibre, Nuez Moscada…

Por qué eran importantes las especias

Por qué eran importantes las especias en la primera vuelta al mundo

En la Europa del siglo XVI las especias estaban casi o tanto más valoradas que el oro. Su valor residía por un lado en la conservación de alimentos y eran además un ingrediente para perfumes, recetas médicas y un lujo para los platos de una Europa cada vez mas rica y refinada. Como las sedas, las porcelanas y por supuesto, el oro y la plata, había una gran demanda de especias. Y el lugar para encontrarlas estaba lejos, al otro lado del mundo, en las exóticas Islas de las Especias, o la Especiería, llamadas Molucas y hoy correspondiente al archipiélago Indonesio.

Para llegar allí estaba la ruta habitual bordeando África y cruzando el Indico. Pero esa zona estaba en poder portugués. Una nueva ruta surgió en la mente de Magallanes, navegar hacia el oeste cruzando el Atlántico, encontrando un paso marítimo al Pacifico (mas tarde conocido como el Estrecho de Magallanes) y llegando tras la larga travesía a las Islas de las Especias. El viaje de vuelta se haría bordeando India, surcando el océano Indico y pasando al Atlántico al rodear África.

Tres años de aventuras y penalidades duró este viaje. De los 245 hombres que partieron solo 18 sobrevivieron, de los cinco barcos que comenzaron la expedición, solo uno, de simbólico nombre, regresó a Sevilla: la Nao Victoria.

En el camino motines, naufragios, enfermedades, luchas internas y con los indígenas amenazaron el viaje. Sin embargo, a pesar del gran número de pérdidas humanas el objetivo de la expedición fue cumplido: comerciaron con éxito, volvieron cargados de especias y además fue la primera vez que quedó 100% demostrada la redondez de la Tierra. Un hito que al principio no buscaban, habían realizado por primera vez en la Historia la Primera Vuelta al Mundo.

Por qué Sevilla

Magallanes y Elcano: La primera vuelta al mundo 1519-1522

La ciudad andaluza fue el punto de partida y de llegada de este viaje.

Sevilla se convirtió en 1503 el centro mundial del comercio con América. Esta decisión que tomo la reina Isabel de Castilla estuvo motivada por la posición estratégica de la ciudad andaluza atravesada por un rio, el Guadalquivir, que era navegable hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda, lo que permitía el arribo de las naves 80 km tierra adentro, esto hacía que Sevilla fuera mucho más segura que cualquier otra ciudad de la costa atlántica. El Guadalquivir fue por tanto la puerta de entrada de los primeros productos llegados del Nuevo Mundo: tomates, maíz, tabaco o cacao. Y por supuesto oro e ingentes cantidades de plata de las minas de México y Potosí. De Sevilla también partían todas las expediciones de Ultramar gestionadas por la Casa de la Contratación en dependencias actuales del Real Alcazar.

El Puerto de Sevilla en Agosto de 1519 vio partir hacia Sanlúcar de Barrameda primero y luego hacia el oeste los cinco barcos capitaneados por Fernando de Magallanes en busca de las Islas de la Especiería.

Un portugués y un español

Magallanes y Elcano: La primera vuelta al mundo 1519-1522

Fernando de Magallanes, capitán e ideólogo de la expedición organizó esta empresa con la ayuda del cosmógrafo también portugués Rui Faleiro. Sin embargo en la expedición iban además hombres de 10 nacionalidades, de los cuales 166 eran españoles.

Magallanes tuvo la mala fortuna de morir a mitad del viaje en una escaramuza con los indígenas en las Filipinas (serian llamadas así años más tarde en honor al rey Felipe II). La suerte quiso que al mando de la expedición quedara un experimentado marino vasco de Guetaria (Guipúzcoa), Juan Sebastián Elcano. Él fue quien finalizo el viaje en Sevilla el 13 agosto de 1522 cuando la maltrecha nao Victoria con 18 supervivientes remontó el Guadalquivir y llegó a nuestra ciudad.

De tal manera que la hazaña quedó compartida por dos navegantes, de dos naciones diferentes: la española y la portuguesa.

La primera vuelta al mundo estaba hecha, y con ella se demostraba la redondez de la Tierra, dado que marchando siempre en la misma dirección, se llegaba al punto de partida. El emperador Carlos I, al recibir a Juan Sebastián Elcano, le dio como escudo un globo terráqueo con la leyenda en latín: Primus circumdedisti me («El primero que me rodeaste»). Y además 500 ducados de renta al año.

Qué podemos ver en Sevilla en relación con la Primera vuelta al Mundo

Qué podemos ver en Sevilla en relación con la Primera vuelta al Mundo

Además del rio Guadalquivir, que fue testigo del comercio y las expediciones al Nuevo Mundo y mas allá hay lugares históricos y monumentos en Sevilla que nos informan e ilustran sobre este evento tan importante y sobre la Historia de la capital andaluza en el siglo XVI. Estos son los mas destacados:

  • Torre del Oro. Construida como parte de la Muralla en el siglo XIII por los musulmanes, fue el punto de partida y llegada de los viajes a Indias. Hoy alberga un interesante Museo Naval y expone con claridad los principales acontecimientos sobre la Primera Vuelta al Mundo.
  • Archivo de Indias. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, alberga en su interior un verdadero tesoro. Allí se encuentra toda la documentación sobre este viaje. Por desgracia los documentos están reservados a los investigadores y es bien poco lo que dejan ver al público general. La impresionante Exposición “El Viaje más largo” sobre la vuelta al mundo que ha albergado de Septiembre a Febrero se puede visitar ahora en la ciudad de San Sebastián.
  • Monumento a Juan Sebastián Elcano. Fuente construida en los años 70 por el escultor Antonio Cano Correa. Es el homenaje de Sevilla a la figura de este navegante vasco.
  • Monumento a la Primera Vuelta al Mundo en la calle Adriano. Mas reciente del año 2014 es este monumento hecho en mármol que recuerda la expedición. Estáestratégicamente situado en el antes llamado Monte del Baratillo del Barrio del Arenal, barrio marinero por excelencia en aquel tiempo.
  • Esfera armilar-Milla 0 junto al “Muelle de las Mulas” en la Plaza de Cuba. De aquí salieron y aquí volvieron los expedicionarios. A pocos metros de la Torre del oro, esta gran esfera es un tributo a las expediciones científicas que cambiaron nuestro mundo.
  • Capilla de la Virgen de la Antigua (Catedral de Sevilla). En la capilla mas grande de la Catedral se veneraba en el siglo XVI especialmente esta preciosa imagen de una Virgen gótica. A ella se encomendaron nuestros expedicionarios y allí volvieron para dar gracias por la vuelta los 18 supervivientes. Una placa en el suelo a la entrada de la Capilla recuerda el nombre y oficio de los que volvieron.
  • Fundacion Nao Victoria y replica de la Nao Victoria. Junto al rio, en los bajos del Paseo Marqués del Contadero. Actualmente es la exposición mas interesante y concreta que tenemos sobre la Primera Vuelta al Mundo de Magallanes y Elcano. Aunque no es muy extensa se cuenta el viaje de manera didáctica y nos permite sobre todo visitar la replica del barco protagonista anclado a orillas del rio. Por un rato nos podremos sentir marineros de hace 500 años que surcaron amplios mares desconocidos y realizaron gestas hasta entonces inéditas en la Historia de la Humanidad.

Escultura barroca en el Bellas Artes de Sevilla (Noviembre 2019-Marzo 2020)

El subtítulo de esta exposición es “Maestro de Maestros” y ello es verdad, puesto que no hay que olvidar que su arte fue heredado por escultores como Juan de Mesa o Francisco Antonio Ruiz Gijón, autores de los cristos del Gran Poder o del Cachorro que podemos contemplar en las procesiones de la Semana Santa sevillana.

Pero nuestro protagonista de hoy es el llamado ya en su tiempo “Dios de la Madera”. Juan Martinez Montañés nació en un pueblo de Jaén en 1568. En aquel tiempo el centro artístico más importante del sur de la Península era Sevilla, así que Juan Martínez se dirigió a la capital andaluza para trabajar en sus esculturas. Aquí podía tener numerosos encargos de los conventos e iglesias que inundaban la ciudad. Sus esculturas religiosas son esplendidos ejemplos de naturalismo y realismo. Los San Juan Evangelista, San Juan Bautista, Inmaculada Concepcion, Cristos y Niños Jesús aun hoy 450 años más tarde nos sorprenden por su calidad y maestría, no nos extraña por tanto que ya en su época lo consideraran el “Dios de la Madera”.

A partir de estos días tenemos una magnífica ocasión de ver reunidas 57 de sus mejores obras en una exposición del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Por qué la madera

Por qué la madera | Martínez Montañés

En Italia las esculturas se realizaban sobre todo en mármol, ello se debía a la abundancia de este material en el país. Las mejores esculturas de Miguel Angel o Bernini fueron hechas en un precioso mármol blanco.

Sin embargo en la Península ibérica se trabajó originalmente en terracota o barro cocido, en este material esta hecho el San Jerónimo de Pietro Torrigiano del Museo de Bellas Artes, un escultor italiano, colega de Miguel Angel, que introdujo el naturalismo en España pero que usó un material local como el barro cocido.

Poco a poco se pasó a la madera, que permitía esculpir con un detalle mayor y era un material más resistente, no tan pesado como el mármol, de peso más moderado y que permitía llevar estas esculturas en procesión. Unas procesiones religiosas que empezaban a popularizarse en estas tierras.

Qué es el estofado y el policromado

Las esculturas de madera se estofaban y policromaban. El estofado es una técnica que consiste en aplicar a la madera pan de oro (también pan de plata o de cobre), unas láminas del metal que imprimen esta tonalidad dorada sobre las superficies en las que se pone. A continuación, con diferentes pigmentos se cubren esas láminas, y finalmente mediante el raspado de estas últimas capas, se hacen dibujos y se colorea (policromado) dejando al descubierto el oro subyacente. Como podéis imaginar es un procedimiento muy caro pero de un resultado brillante y de gran riqueza cromática y artística.

Normalmente el escultor no se ocupaba de esta etapa sino que lo llevaba a cabo otro artista. A menudo las esculturas de Montañés fueron policromadas y estofadas por Francisco Pacheco, pintor, escritor y maestro, más conocido por ser el suegro de Diego Velázquez.

Cuáles fueron las mejores esculturas de Martínez Montañés

Sus obras más importantes en la escultura barroca andaluza las podemos ver en la exposición de Bellas Artes.

Siempre se consideró una de sus obras cumbre el Cristo de la Clemencia. Lo hizo para el Arcediano Vazquez de Leca, un rico religioso que lo mandó realizar para su devoción personal. Con el tiempo pasaría a estar expuesto en la Catedral de Sevilla. Esta escultura de 1.80 metros, de detalles asombrosamente exactos que nos muestran los músculos y venas de un Cristo Crucificado, fue un modelo a seguir por todos los escultores de las generaciones posteriores.

La Cieguita | Martínez Montañés

No hay que olvidar su otra obra clave, la llamada Cieguecita. Es esta una escultura que representa a la Inmaculada Concepcion, de 1.64 m de altura. Sus ojos de mirada baja y modesta que le dan una impresión de estar ciega son el origen de su apodo. Esta escultura fue rápidamente famosa por su gran belleza y delicadeza. Su rostro sereno y las proporciones armoniosas la hacen una de las obras más logradas de su autor. La Inmaculada fue un tema muy repetido tanto en pintura como en escultura, se acompaña de sus elementos habituales como la corona de doce estrellas, el manto azul, la pisada sobre la luna creciente o las cabezas de angelitos a sus pies que la impulsan hacia el cielo.

Pero Montañés también trabajó para los monasterios sevillanos más influyentes de la época. Para San Isidoro del Campo, un monasterio jerónimo a las afueras de Sevilla hizo un espléndido retablo en el que se encuentran las esculturas orantes de Guzmán el Bueno y su mujer Maria Alonso Coronel, fundadores del monasterio medieval. También San Juan Evangelista y un sorprendentemente realista San Jerónimo Penitente.

El Niño Jesús de la iglesia del Sagrario, el Cristo de Pasión o el San Cristóbal del Salvador se cuentan igualmente entre sus obras maestras.

Velázquez y Montañés, artistas contemporáneos

Juan Martínez Montañes, o el Dios de la madera

Entre los artistas contemporanéos del escultor están el escritor Cervantes y los pintores Rubens o el propio Velazquez.

Tenemos la suerte de tener un retrato de Martinez Montañés hecho por este último. El pintor algo más joven que el escultor trabajaba en Madrid para el rey Felipe IV pero el hecho de ser de la misma ciudad, Sevilla, y que fueran ambos artistas y frecuentaran los mismos círculos, llevó a que en 1635 realizara un retrato del “dios de la madera” aprovechando que el escultor fue llamado a la Corte para realizar un busto del rey que se quería enviar a Florencia. Ese busto seria luego la base para la estatua de Felipe IV que adorna la plaza de Oriente de Madrid.

Epidemia de peste de 1649

Velázquez y Montañés, artistas contemporáneos

La catastrófica epidemia de Peste Negra de este año se llevó la vida de casi la mitad de los sevillanos y entre ellas la de Montañes, que tenía ya 81 años.

En su larga vida nos dejó asombrosas esculturas de altísima calidad. Por suerte las podemos contemplar hoy todas juntas en esta interesante exposición que tiene sus puertas abiertas hasta el 15 de marzo de 2020.

¡No os la perdáis!

¿Se puede representar al Amor?¿Tiene el hombre la capacidad con sus manos y su mente de llevar al mundo material algo tan sublime? Pues ¡Sí que la tiene! Gustavo Adolfo Bécquer, con su pluma llevó al papel el tenue suspiro de un enamorado, así como las lágrimas de rabia y decepción de un desamor en cada una de sus obras.

El legado de las obras de Bécquer es inestimable, su prosa y sus poemas son de un valor inmaterial que lo han elevado a la cúspide de los poetas españoles de todos los tiempos. Su obra inspiró a autores de la talla de Rubén Darío y Antonio Machado, entre otros. La sutileza de sus poemas toca lo más excelso del amor y se colocan como joyas de la literatura española.

Pero, como Bécquer refleja en su obra lo bello y crudo del amor, lo hicieron los hermanos Álvarez Quintero y el escultor Lorenzo Coullaut Valera, cuando rindieron este sentido homenaje al poeta y, en definitiva, al amor.

Como bienvenida al hermoso Parque María Luisa, podemos apreciar esta magnífica obra en donde se representan la complejidad de las obras del poeta sevillano y en particular inspiradas en su poema “El amor que pasa”.

El Parque de María Luisa, un marco inmejorable

La ubicación de la obra no pudo haber estado en una mejor posición. El parque María Luisa, pulmón vegetal de Sevilla y declarado como Bien de Interés Cultural por su relevancia dentro de la geografía sevillana.

En medio de la glorieta podemos apreciar en impecable mármol blanco un busto del poeta elevado sobre un fuste. A sus pies un diseño octogonal en donde se van representando cada una de las etapas del amor, también esculpidas en mármol blanco y bronce.

La representación de tres jovencitas, trajeadas de la época, cada una inmersa en un estado del amor se encuentra a uno de los lados del octógono. Esta pieza, esculpida de una única pieza de mármol blanco representa, cronológicamente al: Amor Ilusionado, el Amor Poseído y el Amor Perdido.

Cupido, esculpido en bronce dispara sus flechas envenenadas como símbolo del Amor que Hiere a un yacente joven que clama piedad y en representación del Amor que Mata.

Una de las figuras centrales de la obra, no fue esculpida por ningún artista. Se trata de un ciprés de los pantanos o Sauce Llorón como es conocido en algunas regiones de América. Este árbol es originario del Mississippi y se calcula fue plantado hacia el año 1850. Esta planta tiene una vida promedio de 300 años y su altura puede llegar hasta los 45 metros.

Precisamente el crecimiento del Ciprés, ocasionó que, en el año 2016, se realizará una restauración mayor a la escultura. El perímetro del tronco había crecido más allá del nivel del octágono inicial de la obra, hubo que replantear la configuración de la misma y ahora podemos observar un eneágono.

Producto del paso del tiempo, vandalismo y descuido, la obra se ha tenido que restaurar varias veces. La primera restauración de la obra, en 1918, estuvo a cargo del mismo arquitecto de la Plaza de España. Esta restauración consistió en reemplazar la original verja de hierro deteriorada y  que circundaba a la pieza, sustituyéndola por una falca de piedra.

Pese a todas las restauraciones y maltratos que ha sufrido la obra, sigue siendo un lugar de encuentro de enamorados, quienes rinden tributo al poeta con ramos de flores, poemas y candados con iniciales como símbolos de amor eterno e inseparable.

La ciudad romana de Itálica en Santiponce a 8 km de Sevilla se propone para obtener la categoría de patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2020. Ello supondría un cuarto monumento/lugar histórico de la ciudad de Sevilla con esta distinción tras el Alcázar,
la Catedral y el Archivo de Indias, nombrados patrimonio mundial de la Unesco en 1987.

Itálica tiene unas ruinas del siglo II d. C excepcionalmente conservadas, unos mosaicos que se cuentan entre los mejores de España y un anfiteatro aun en uso ocasional que tuvo una capacidad para 25.000 espectadores. Esta ciudad fue históricamente la cuna de dos de los
mas grandes emperadores romanos: Trajano y Adriano.

Vamos a conocerla un poco mejor.

Origen de Itálica

Itálica la fundó el general Escipión, prestigioso militar romano en el 206 ac, como asentamiento para soldados veteranos ya retirados de la II guerra Púnica. Pero esa primera ciudad de Itálica yace bajo la actual Santiponce. Las ruinas que visitamos hoy son una ampliación de la ciudad en época del emperador Adriano en el siglo II d.C, esta zona fue propiedad del cercano monasterio de San Isidoro del Campo, al pertenecer a sus tierras no fue nunca urbanizada, pero por otro lado fue objeto de amplios expolios y robos. Desde su abandono en el siglo IV hasta el siglo XVIII (y oficialmente hasta inicios del siglo XX) no se llevó a cabo un plan de protección y valoración de su contenido histórico. Ello fue gracias al arqueólogo Francisco de Bruna, pero para entonces gran parte de sus mármoles y mosaicos habían desaparecido.

Ciudad Romana

Hoy queda de su antiguo esplendor un espectacular anfiteatro en el que cabían hasta 25.000 espectadores, el famoso Coliseo de Roma tenia cabida para 50.000. De esta manera esta dimensión hacía del anfiteatro un lugar excepcional para una pequeña ciudad de provincias
como itálica.

Aquí se celebraban los juegos de gladiadores mientras que en el cercano teatro tenían lugar las representaciones teatrales de tragedias y comedias griegas y romanas: Sófocles, Aristófanes o Juvenal.

También podremos pasear por sus amplias ricas casas, muchas de ellas aun pavimentadas con preciosos mosaicos. No olvidemos que la Itálica que visitamos era una urbanización de familias ricas. Cada casa ocupaba media manzana. Tenían la mayoría dos plantas, un patio
principal o atrium y un jardín trasero donde había un pequeño altar para los dioses del hogar, los dioses lares. La parte exterior de las viviendas se alquilaba para Tabernae, es decir locales comerciales: panaderías, ferreterías…

Además, la vida en Itálica contaba con termas (baños públicos), gimnasio (lugar para que los jóvenes hicieran deporte, pero que también eran escuelas) y palestra (pista de carreras).

Y por supuesto, templos a los diferentes dioses del panteón romano y al propio emperador Trajano, considerado como divino. En la misma entrada del anfiteatro se adoraba en pequeños templos a Némesis (diosa de los guerreros y la Venganza) y a Celestis (diosa del Cielo). Un exvoto u ofrenda en forma de huella de pies nos da testimonio de ello.
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Quienes eran Trajano y Adriano

El primer emperador romano fue Augusto en el siglo I d.C. Con los años la Roma imperial extendió sus fronteras desde Hispania en Occidente a Britania en el norte, desde Mauritania y Numidia al Sur a Dacia y Partia al Este, Roma fue el más poderoso imperio hasta entonces
conocido. La mayor extensión fue en el siglo II con el emperador Marco Ulpio Trajano, nacido precisamente en Itálica. Trajano fue emperador desde el 98 d.C hasta el 117 d.C.

Su sucesor Publio Elio Adriano (era su sobrino nieto) mantuvo las fronteras y fue considerado uno de los mejores gobernantes de Roma, viajo por todo el imperio y engrandeció su ciudad de origen con templos, un acueducto, estatuas y el anfiteatro mas importante de la provincia
Bética. Adriano gobernó del 117 d.C hasta el 138 d.C. Su legado es la ciudad que hoy conocemos a solo 8 km de Sevilla.

Donde podemos ver las mejores piezas de Itálica

En la misma Italica por supuesto desde el anfiteatro al teatro, pasando por algunas de las casas y edificios con bellos mosaicos como el del Planetario o la Casa de los Pájaros. En el Museo Arqueológico de Sevilla (situado en la plaza de América). Allí se encuentran
además de mosaicos las mejores esculturas italicenses, entre ellas la de Diana (diosa de la caza), Mercurio (dios del comercio) y Venus (diosa del amor). Y sobre todo la estatua del emperador Trajano divinizado.

En la Casa de la Condesa de Lebrija. En este palacio sevillano situado en la céntrica Calle Cuna podemos ver los suelos y pavimentos que la Condesa Doña Regla Manjon, gran amante de la Antigüedad Clásica recuperó de Itálica y Santiponce hace 100 años. Por ello se considera el palacio mejor pavimentado de Europa.
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Itálica Viva

Dos mil años después, en el siglo XXI, la ciudad romana sigue teniendo un uso cultural de manera regular. Allí hemos podido asistir el Festival Internacional de Danza de Itálica y el Festival de Teatro Romano que tienen lugar en un marco único. No son ruinas solamente, Itálica esta viva.

Sevilla está llena de azulejos, no es raro pasear por cualquier lugar y ver gran cantidad de azulejos interesantes. A continuación te ofrecemos una lista de los más interesantes, con una breve introducción acerca de lo que puedes ver.

Azulejos de la Plaza de España

Repartidos por toda la Plaza de España se encuentran 48 azulejos representativos de las 46 provincias y los 2 archipiélagos que había en 1929. Además, la mayoría de la ornamentación que rodea los murales y la Plaza de España también está hecha en azulejo cerámico.

Azulejos de Cervantes

Para conmemorar el tercer centenario de su muerte se crearon una serie de murales conmemorativos que se repartieron por las zonas de Sevilla que aparecieron en sus novelas. Se pueden encontrar por Calle Betis, Adriano, en la Plaza del Pan… No deja de ser una buena opción intentar descubrir todos los rincones de la literatura de Cervantes.

Homenaje a los literatos sevillanos

Azulejos conmemorativos de Bécquer, Aleixandre, Cernuda, Lope de Vega o Machado se encuentran repartidos por toda la ciudad, en las zonas donde nacieron, estudiaron o donde vivieron.

Via Crucis de la Cruz del Campo

Desde 1630 se hacía este Via Crucis desde la casa Pilatos hasta la Cruz del Campo, situada en pleno Nervión (anteriormente en las afueras). Teóricamente, esta ruta tiene los mismos pasos que desde el Monte del Calvario al Pretorio de Pilatos y es por ello por lo que el palacio adquiere este nombre.
Aunque en la antigüedad tenía 12 estaciones, en la actualidad son 14 azulejos y cruces sobrios y rehabilitados, repartidos por la ruta.

La calavera de la Bella Susona

Hace referencia a una leyenda popular sevillana por la que una mujer judía, a finales del siglo XV, contó a su amante cristiano las conspiraciones que su padre preparaba. Como resultado, se ganó el odio tanto cristiano como judío y se vio obligada a huir buscando una nueva vida.

Al morir, atormentada, dejó orden de que su cabeza se colocase en la puerta de su casa. En el supuesto lugar de esta calavera se colocó el azulejo conmemorativo a la leyenda, que representa la calaver y cuenta la historia allí acontecida.

Quizás no fue el primero pero sí de los primeros.

En la primavera de 1828, hace ya 190 años llego al puerto de Sevilla Washington Irving. Vino a bordo del Betis, el primer barco de vapor de España que remontaba el Guadalquivir procedente de Cádiz. Irving había nacido en Nueva York en 1783 y ya era un conocido escritor romántico y periodista además fue un incansable viajero y embajador por toda Europa.

OBRA DE IRVING

Entre sus obras más famosas conocidas mundialmente estaban: La leyenda de Sleepy Hollow, más conocido como La leyenda del jinete sin cabeza (adaptada al cine por Tim Burton en 1999) y Rip Van Winkle, que cuenta la historia de alguien que duerme durante decenas de años Escribió además: The Life and Voyages of Christopher Columbus (Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, 1828), Chronicles of the Conquest of Granada (1829), Voyages and Discoveries of the Companions of Columbus (1831) y sus celebérrimos y harto traducidos Cuentos de la Alhambra(Tales of the Alhambra) (1832), donde refunde para el público inglés las más conocidas leyendas hispanoarábigas sobre el Castillo Rojo. Se le deben además unas Legends of the Conquest of Spain, (1835).

Fue el primer norteamericano en alcanzar la celebridad como escritor profesional, gracias a la literatura, y por ello numerosas calles y ciudades de los Estados Unidos llevan su nombre.

Influyo a conocidos autores como Nathaniel Hawthorne y Edgar Allan Poe.

Irving popularizó además el sobrenombre «Gotham» para referirse a Nueva York, usado en los comics de Batman; también se le conoce como el inventor de la expresión «el todopoderoso dólar». Murió en Nueva York en 1859 y esta enterrado en el cementerio de Sleepy Hollow.

IRVING EN ESPAÑA

WASHINGTON IRVING: ¿EL PRIMER TURISTA EN SEVILLA?

Vino primero a Madrid llamado por el embajador de su país para estudiar en El Escorial los documentos relativos al descubrimiento del Nuevo Mundo (1826–1829). Este encargo supuso el
comienzo de su carrera diplomática.

Es poco después cuando Washington Irving aparece en Sevilla. Era la de 1828 una primavera luminosa y Washington Irving se hospedó en una pintoresca casona del callejón del Agua, actualmente la numero 2, frente a la muralla Alcázar, en la vieja judería sevillana.

En Sevilla paso todo un año, como turista y como estudioso de la Historia de España y de la ciudad. Escribió un diario que ha sido editado por la Hispanic Society de Nueva York: Diary of
Washington lrving of the Sunnyside Spain, un sugerente nombre que nos evoca el sol de Andalucía.

Las mañanas las pasaba en los salones de estudio del Archivo de Indias, entre legajos y voluminosos documentos cartográficos. Algunos días visitaba los archivos de la catedral y otros los palacios levantados con el oro y la plata traídos del Nuevo Mundo. Su minucioso trabajo acabó con la publicación, tiempo después, del libro Vida y viajes de Cristóbal Colón. Pero sobre todo descubrió durante su estancia en Sevilla el alma soñadora del patrimonio andalusí, levantado siglos antes de que los cristianos entraran por las puertas de la capital.

Eran edificios hechizados, envueltos en la brumosa leyenda de los tiempos perdidos. Como buen turista Irving procura ver todo lo típico de la vida sevillana: el cuerpo de San Femando
en la festividad del santo y en esa noche la iluminación de la ciudad y de la Giralda; el baile de los Seises el día del Corpus, la procesión, el aspecto de la ciudad la noche antes.

Esto es lo que escribe en su diario sobre la Catedral que tanto le impresionaba: “Si alguna vez viene Vd. a Sevilla no deje de visitar su gloriosa catedral … visítela al atardecer, cuando los últimos rayos de sol, más bien los últimos resplandores del día, brillan a través de sus vidrieras polícromas. Visítela en la noche, cuando sus capillas están escasamente iluminadas, sus inmensas naves apenas alumbradas por las hileras de lámparas de plata, y cuando se prepara la misa en el altar mayor, entre destellos de oro y nubes de incienso … Yo no creo haber sentido nunca un placer igual en ningún otro monumento de esta clase … Está próxima a la casa donde me alojé en Sevilla y constituía mi recurso diario. En verdad, la visitaba más de una vez en el curso del día. Un lento vagar por esa catedral, especialmente hacia el atardecer, cuando las sombras so11 más profundas y la luz de las vidrieras policromadas más confusa y vaga, producía en mí la impresión de un paseo por uno de nuestros grandes bosques americanos … “ Pero Irving quiso conocer la ultima ciudad islámica de la Peninsula Iberica y sus estudios lo llevaron a Granada, a pocos días de distacia desde la capital hispalense. Un año después de su llegada, Irving emprendió el viaje a la ciudad de la Alhambra.

En los jardines de la Alhambra tiene dedicada una escultura.

LOS VIAJEROS Y ANDALUCÍA

WASHINGTON IRVING: ¿EL PRIMER TURISTA EN SEVILLA?

El consejo de Europa creo hace unos las Rutas del Legado Andalusi, para potenciar el turismo y dar a conocer la tierra andaluza poniendo el foco en su pasado árabe y en la herencia de aquel tiempo. Entre estas existe una “ruta Washington Irving” que lleva a lo largo de 250 km de Sevilla a Granada pasando por Antequera.

Esta ruta recorre los pasos que en 1829 siguió el escritor romántico y diplomático norteamericano, fascinado por la riqueza y el exotismo de la civilización hispano-musulmana. Una arteria de comunicaciones establecida muchos siglos antes, que, en la Baja Edad Media, sirvió de vía comercial entre el sur peninsular cristiano y el reino nazarí de Granada. Ruta que, como otras, tuvo un marcado carácter fronterizo.

Esta ruta pone en escena una segunda historia, la del «descubrimiento» romántico, y turístico, de Andalucía. A tono con la nueva sensibilidad del romanticismo, y después de la puesta en escena de la Península ibérica con Guerra de Independencia, España, y Andalucía en particular, empezaron a recibir una creciente atención como destino de viajes. A las visitas de Chateaubriand y Lord Byron, que hablaron de Andalucia en sus obras, siguieron los viajes y estancias del propio Washington Irving, de Richard Ford, Borrow, Delacroix, David Roberts, Gautier, Dumas y sobre todo francés Prosper Merimée creador de la mítica historia de Carmen, la Cigarrera.

Estos viajeros, franceses, británicos o estadounidenses crearon una imagen misteriosa, romántica y folklórica de Andalucia. Llena de personajes apasionados, crueles y enamorados, quizás no se correspondía al 100% con la imagen real, en un panorama de leyendas, toreros y bandoleros, de majas, contrabandistas pero sirvió sin duda para dar a conocer a nuestra región fuera de nuestras fronteras y a popularizar su paisaje, historia y cultura.

A aquellos primeros “turistas” y “viajeros” está dedicado este post.